 GRANADAS DE ALICANTE Posiblemente la zona agrícola más rica, próspera y tradicional de Europa, como es la Vega Baja del Segura corre riesgo de convertirse en un erial si continúa la progresiva degradación del suelo que ha detectado el Centro de Investigaciones sobre Desertificación, un organismo que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) tiene en Valencia. Por el momento, técnicos de este departamento, dirigidos por el profesor José Luis Rubio, ya han detectado importantes niveles de salinización del suelo en Albatera y el Hondo de Elche, de los más altos de Europa, que han perdido parte de la capacidad de creación de biomasa y de producción agraria.
 GRANADAS DE ALICANTE En general, «toda la zona del Mediterráneo sufre la mayor amenaza de salinización de Europa», explica el profesor Rubio en declaraciones a este periódico, aunque se localice especialmente en los alrededores de Albatera, en el corazón de la comarca. La salinización de los suelos es «una especie de cáncer que paulatinamente va afectando a los rendimientos agrícolas y que en situaciones extremas puede afectar a la producción», analiza el profesor Rubio. A más largo plazo puede resultar una «bomba de relojería», al afectar no sólo a la producción vegetal, sino al propio crecimiento del árbol o la planta. Un escenario aún muy lejano, aunque progresivamente se va acercando. Frente a las tres, o hasta cuatro cosechas, que se podrían producir en las ricas tierras de la Vega Baja, ahora se ha quedado reducida a una o dos recogidas de producto, como constatan los propios agricultores. El plantel de científicos del CSIC que ha analizado los terrenos no puede cuantificar estas pérdidas, aunque sí las ha corroborado.
 GRANADOS DE ALICANTE Las cosechas más afectadas por la salinidad son, precisamente, las que más riego necesitan. Cítricos y productos hortofrutícolas, precisamente la especialidad de la Vega Baja, son las primeras víctimas de estos procesos geológicos. Los principales problemas de esta salinización derivan en el aspecto económico, no sólo por la falta de rendimiento de las plantaciones y rentabilidad de las cosechas, a lo que también se unen problemas para comercializar el fruto, al no tener el tamaño y aspecto que los mercados y los consumidores requieren. Además, otros efectos perniciosos se deriva de la retirada de árboles de los campos: «La vegetación amortigua los efectos del cambio climático» en una zona tan expuesta como va a ser España según los estudios internacionales, «además, claro, de perder el patrimonio natural capaz de fijar un paisaje tradicional en la zona e, incluso, con valor de patrimonio cultural», concluye el profesor Rubio.
 GRANADAS DE ALICANTE Los motivos que han llevado a esta situación vienen perfectamente explicados en el artículo Agua y desertificación publicado en la revista Ambienta, del Ministerio de Medio Ambiente: «La demanda y el consumo de agua se ha sextuplicado en los últimos 50 años como consecuencia del incremento de las actividades agrícolas, el urbanismo y la industria. La demanda creciente sobre una cantidad finita y limitada de agua dulce ha provocado la sobreexplotación de acuíferos litorales y el inicio de problemas de intrusión marina». Fruto de esta sobreexplotación de los acuíferos, «los riegos repetidos con agua salina o la acumulación de sales por evaporación» paulatinamente van incrementado la concentración salina. En este punto precisamente estamos. El proceso biológico que se da a partir de la salinización de las capas más superficial de la tierra y la intrusión de agua marina en el interior provoca que «la planta tenga dificultad para absorber el agua, incluso aunque estuviera disponible».
El equipo científico también constata en sus observaciones que el nivel freático de la tierra ha disminuido de los cinco hasta los 30 o 40 metros. Es decir, que cada vez resulta más complicado conseguir recursos hídricos mediante la prospección, un recurso utilizado durante siglos en lugares tan necesitados como la Vega Baja. En un segundo nivel de degradación, que sería la sodificación, podría provocar «toxicidad» y dañar directamente a las plantas.
En este último, y definitivo escalón hacia la destrucción productiva del suelo, «el sodio afecta por completo al cambio iónico y modifica la estructura (sílice) del suelo convirtiéndolo en un barro que en seco se compacta y en húmedo fluye como un gel», define el profesor Rubio Delgado.
Las investigaciones de este equipo de científicos están sobre la mesa y han definido un problema más de la sequía estructural que sufre la provincia, producto del cambio climático. Ahora, pertenece a otros ámbitos tomar sus determinaciones, aunque el profesor Rubio Delgado apunta que «las administraciones deben proteger estas producciones», por cuanto que «las sobreexplotaciones de los acuíferos afectan a la supervivencia» de los campos de cultivo.campos de cultivo.
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