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FUENTE Qué comer para llegar sanos al verano Aumenta el calor y la tentación de someterse a dietas mágicas y rutinas de ejercicios exagerados provoca el alerta de los especialistas, quienes descartan que estos hábitos den resultados y recomiendan una alimentación balanceada. “Someterse a tratamientos expres no sólo desilusiona a los ingenuos sino que también puede derivar en trastornos alimentarios y pérdida de nutrientes”, dijo a Salud y Bienestar la médica especialista en Nutrición Luz Don. Los primeros calores renuevan las ganas de adelgazar. Hombres y mujeres intentan con nuevos regímenes, pero “no es aconsejable lanzarse sin control médico a probar qué hacer para bajar de peso”, advirtió Don. Es que las revistas incitan muchas veces a probar qué novedades hay bajo el sol: el ajo en ayunas; el método que siguió aquella actriz o la dieta de las verduras que hizo bajar 10 kilos a la amiga de la prima. Dietas, métodos, sistemas y programas, son alternativas que si se realizan deben hacerse bajo supervisión médica para evitar riesgos. En diálogo con este suplemento, Don advirtió que “las dietas mágicas entusiasman porque se obtiene un rápido descenso de peso, aunque después se vuelven a ganar kilos con la misma velocidad con la que se los había perdido. Pero el mayor problema de estas dietas de revista no se limita a la ecuación bajar-subir tantos gramos como sea posible. El quid de la cuestión radica en que no modifica el mal hábito alimentario. De nada sirve, entonces, sobrevivir a yogurt dietético durante semanas si una vez abandonada la hambruna se llena la heladera de tortas, chocolates y otras comidas que aunque ricas, desordenan”. Además, Don señaló que las denominadas dietas de moda pueden provocar desde deshidratación hasta desnutrición, pasando por una pérdida importante de vitaminas y minerales, ya que la mayoría se basan en la supresión de algunos alimentos que en realidad aportan nutrientes necesarios para nuestro organismo. “Lo ideal es visitar a un especialista, que primero evaluará si existe alguna patología de base, y después confeccionará una dieta a la medida de la dama o el caballero, que incluya todos los grupos de alimentos en la proporción adecuada, trabajando sobre la conducta alimenticia”. Agua, frutas y verduras Cuando comienza el calor, frutas y verduras de temporada, con elevado contenido de agua y otros nutrientes esenciales para nuestro organismo, se convierten en protagonistas esenciales. “Sacian nuestra hambre y sed, y contribuyen a mantener nuestra piel bien nutrida e hidratada”, señaló a Salud y Bienestar la médica especialista en Nutrición. Destacó además que “lo más importante es mantener nuestro cuerpo bien hidratado. En general se calcula que una persona debe ingerir 35 o 40 mililitros por kilo de peso, aunque en esta medida se incluyen los líquidos y parte de los alimentos que lo proveen, como las frutas que contienen gran cantidad de agua como la sandía y el melón. Lo importante es tomar por lo menos dos litros de agua por día, aunque en esa medida se pueden incluir infusiones como el te, o caldos”. No obstante, Don recomendó “bajo ningún punto de vista incluir bebidas con sodio o con conservantes o edulcorantes que estimulan más la insulina resistencia”. Incluir frutas y verduras en la dieta es una de las mejores maneras de asegurar los niveles adecuados de líquidos que precisa nuestro organismo para evitar la deshidratación. Estos alimentos presentan, además, un bajo aporte energético y resultan muy adecuados para las épocas de calor, en las que nuestro cuerpo no necesita tantas calorías como en las estaciones más frías para mantener la temperatura corporal. “Fisiológicamente el organismo regula pidiendo porciones más pequeñas y alimentos más frescos. Por eso podemos incluir variedad de platos elaborados principalmente con verduras y hortalizas, ensaladas variadas (con hortalizas y arroz, pasta, papas), cremas y sopas frías, y en los postres fruta fresca”. Para Don, los mecanismos de regulación se desoyen “en este momento que hay epidemia de obesidad”. Sopas y cremas frías Además del agua -la bebida más recomendable-, los zumos, licuados de frutas y sopas o cremas frías elaboradas con hortalizas proporcionan gran cantidad de agua, vitaminas, minerales, hidratos de carbono y otras sustancias no nutritivas pero de importantes beneficios para la salud, conocidas como antioxidantes naturales, que se encuentran mayoritariamente en los alimentos vegetales. En los últimos años se ha investigado el papel de estas sustancias en relación con enfermedades de máximo impacto en occidente, como enfermedades cardiovasculares, numerosos tipos de cáncer, (entre ellos el melanoma o cáncer de piel), e incluso otras directamente asociadas con el proceso de envejecimiento, como las cataratas y las alteraciones del sistema nervioso. Conclusiones de estos estudios demuestran que una dieta rica en antioxidantes constituye un factor protector frente a las citadas patologías. Mejor alimentos crudos “Siempre hay que comer una taza de verduras frías, y con respecto a la fruta, media taza es suficiente porque equivale a una porción de jugo de naranja y una fruta del tamaño de una naranja o manzana chica”. Las verduras y frutas de temporada no deben de faltar en nuestra mesa. Berenjena, cebolla, chauchas, lechuga, tomate, pepino, pimientos, ciruelas, higos, melocotón, melón, sandía, uvas, son sólo alguna de ellas. Y si tomamos estos alimentos crudos, aprovecharemos mejor todos sus nutrientes, ya que la cocción en agua destruye gran parte de las vitaminas que contienen. Las verduras y frutas se convierten cada verano en los alimentos predilectos, debido a los fáciles de preparar que resultan y a su buen precio, ya que el verano es la época en que mayor cantidad y variedad se puede encontrar en nuestros supermercados. Más allá de su sabor y de su capacidad refrescante, son unos de los alimentos más sanos y recomendados por los expertos en nutrición.
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